MI NUEVO RUMBO

La última psicóloga que he tenido me dijo “En tu vida ha habido mucha violencia” y me quedé muy pensativa preguntándome “¿Si?”. Es increíble como la mente te protege para que puedas seguir vivo…cuanto tengo que agradecerle que tomara las riendas…Pero ahora le toca al corazón después de lo aprendido. Así que gracias, eternas y sinceras gracias por esa necesaria protección, por esos “olvidos”, “empanamientos” y “velos” que me guardaron cuan crisálida bendita. Gracias mente, pero ahora he de comenzar ese otro viaje donde los ojos están más abiertos que nunca y el sentir marca el rumbo. Y para que veas que puedes confiar en mí, voy a relatarte lo que he aprendido:

El primer acto violento sobre mi fue en el momento de mi nacimiento. Un cordón enrollado al cuello me asfixiaba, un señor tiraba de mis piernas para sacarme de mi refugio mientras yo me agarraba a mamá con mi mano izquierda (esa que poco tiempo después mamá me ataba para que no comiera ni escribiera con ella pues en su ignorancia decía que todos nacemos zurdos y que hay que enderezarnos. Si ella hubiera sabido las consecuencias de ese acto, estoy segura que no lo habría hecho). Como ese señor se esforzó tanto en sacarme, me quedé sin fuerzas y salí morada y sin poder siquiera decir “estoy aquí” con un llanto. Así que me metió en agua muy fría y luego en agua muy caliente pero como vió que cada vez estaba más morada y débil decidió hincarme, cuan puñal, una jeringa de adrenalina en el centro de mi pecho. Hasta día de hoy siento ese pinchazo y por eso me están tratando.

MI NUEVO RUMBO (Primera parada)

En noviembre de 2005 cambio mi vida, conocí a Mariano, nos hicimos amigos y él consiguió quitarme de las manos un bote de barbitúricos que hubieran supuesto el final de esta historia. A partir de ahí comencé una escalada brutal de autoconocimiento que no solo me hizo entender muchas cosas sino que me liberó mucho, mucho dolor atrapado. Que tristeza más enorme que la persona que me condujo a la Vida durante 10 apasionantes años, me vea por la calle y no me reconozca….(llegaré a hablar de ello cuando le toque).

En el anterior escrito hablé de mi nacimiento, ese que marca la forma que tenemos de nacer cada vez que realizamos una toma de consciencia importante. En mi caso, siempre alguien tuvo que “sacarme” violentamente del estado anterior donde me hallaba. Aunque ahora todo ha cambiado…Pero continuo con mi historia de vida para comprender cómo se produjo ese cambio.

Con 10 meses eché a andar, yo solita, por el pasillo de mi casa. Al verme mi madre gritó de alegría, eso me asustó y me caí hacia atrás “desnucándome”. La segunda vez fue con 18 meses al ir a tocar el agua de la bañera. Está claro que mi cuello siempre fue mi punto débil, así como esa conexión entre mente y corazón.

Con 3 añitos tiré a mi hermana la segunda al ir a meterla en la cuna. Mi madre se fue a comprar, mi hermana comenzó a llorar, pensé que necesitaba cambiarle el pañal, así que la saqué de la cuna y lo hice. Dejó de llorar pero entonces mi madre abrió la puerta de la calle, ya de vuelta, y yo por miedo a que me pillara la lancé a la cuna con la mala suerte de que cayó al suelo. Aterrorizada me escondí debajo de una cama plegable, durante más de 12 horas, quedándome dormida. Mi madre angustiada me buscó por todo el pueblo, temiendo me hubiera caido a la balsa que había cerca de casa. Cuando me encontraron debajo de la cama plegable lo primero que dije es “no me pegues, no me pegues”.

MI NUEVO RUMBO (Segunda parada)

Antes de seguir con este “tributo al vivir” quiero aclarar algo. Me he pasado estos últimos 15 años escuchando “se tu misma, se tu misma y serás feliz” y cuando eres tú misma han salido corriendo o han guardado silencio. He asumido esa soledad que da el ser uno mismo como antesala de la fiesta con los afines. Esa fiesta va a comenzar este sábado, así que a los que estáis preocupados por mi, porque pensáis que no termino de salir del bucle, os tranquilizo. Nunca he estado mejor que ahora y es que es ahora cuando más estoy siendo. De otro modo, no podría estar escribiendo todo esto, es soltarlo fuera que pierde fuerza lo que tanto daño hizo. Puede que por esto no volvamos a caminar juntos, lo que no voy a hacer más es esperar a nadie, y si es así te deseo la máxima felicidad y te doy las gracias por acompañarme en los momentos más duros de mi vida, aunque las despedidas sean tristes. También quiero dejar claro que todas las personas con las que he caminado, y nombro, han sido el mejor aprendizaje que podía tener y por eso hablo de ellas con el mismo amor y respeto que me tengo. Gracias también a ellas, os honro. Y para terminar, deciros que el propósito de estos escritos no es otro que el de mostraros el camino que he recorrido primero para presentarme como guía de tu proceso, si es que te resuena, y segundo para deciros que detrás de cada cara anónima hay una historia tan tuya como mía. Esto es lo que nos une y es lo único que importa.

Y aclarado esto, prosigo. Dicen los especialistas en el tema, que las experiencias que tenemos en los 7-8 primeros años de vida nos condicionan los posteriores. Por eso es tan importante echar la vista atrás, si te quieres conocer y mejorar tu vida, para comprender que es lo que te condiciona y como disolverlo o desatarlo. De ahí que me esté centrando en estos primeros años. Luego iré mucho más deprisa y relacionando los acontecimientos posteriores con respecto a estos primeros años.

Hacia dos años que estábamos en nuestra nueva ciudad, a 1000 kilómetros de nuestro lugar de nacimiento. Tenía cinco años y atrás había dejado los garbanzos fritos y los baños en la playa con mi padre y su vespa que tanto me encantaban. Pasamos de una luz dorada e intensa a un cielo gris y muy lluvioso. Cosa que influye en el carácter que fue pasando de alegre a nostálgico. Al principio vivimos en un pisito pero a los pocos meses pasamos a vivir a una casita con su jardín, piscina y árboles frutales que tanto me recordaba a mi tierra, al cortijo de mi abuelo. Allí empecé a ir al colegio, de monjas claro. Y allí fue cuando tuve una de las experiencias que más me han marcado (lo recuerdo como si fuera hoy). Un día mi madre se olvidó de recogerme del colegio y me ví sola y asustada viendo como todo el mundo se había ido ya, el colegio había cerrado y mi madre no llegaba. Era tanto el terror que sentí, que mi estado de supervivencia se activó al máximo y mirando repetidas veces para un lado y otro, al final cruce esa enorme e interminable carretera nacional para llegar a mi casa. Llegué corriendo y llorando y lo primero que hice fue volcar mi miedo en mi madre. Entonces no comprendí que mi madre se había olvidado de mi porque mi hermana se puso enferma con mucha fiebre y ella también estaba sola.

Otro de los acontecimientos violentos de mi vida también fueron con esa edad. El perro del vecino se nos tiró a mi hermana y a mi y como me asusté mucho puse a mi hermana por delante. El perro se echó encima de ella y la escena terrorífica fue ver a mi hermana tumbada en el suelo mientras el perro le ladraba encima con esos dientes mortíferos y esos ojos rojos. Odié a los perros ese día y me odié a mi misma por mi cobardía. Muchos años más tarde perdí el miedo a los perros gracias al perro de Mariano y amé mi cobardía gracias a Saul que me hizo ver esa culpa inconsciente que arrastraba.

Siguiente escena violenta, con esa edad, en el futbol le rompen la nariz a mi padre. Se me encogió el estómago cuando vi a mi padre en ese estado. Odié el futbol y a los violentos en ese mismo instante. Sigo sin aceptar a aquellos que hacen del deporte una “competición a muerte”.

Si lo de mi padre y el perro del vecino me impactó, que se cayera mi hermana a la piscina sin agua me dejó en shock. Cuanto dolor durante los años posteriores….

Y para concluir el ciclo violento de ese año, al terminar el acto de la Confirmación (si me Confirmaron antes de hacer la Comunión) el arzobispo me dio un guantazo en la cara que me dejó completamente desconcertada y con el carrillo rojo. Nunca pude entender como un acto tan espiritual pudiera acabar en algo tan brutal y chabacano. Ahora me rio pero lo pasé fatal y aunque mis padres me dijeran que fue más una caricia que un tortazo. Años después se volvió a repetir y a repetir hasta que pegué puñetazo en la mesa y pedí respeto a lo Sagrado.

De las cosas más graciosas y divertidas que me pasaron con esa edad fue dar de comer a mi primo Jose porque mientras le daba una cucharada a él yo me metía dos de las suyas. Así que terminaba pronto con él. Y la otra cosa, fue cantar y bailar, todos los viernes, encima de las mesas del colegio (me ponían un escenario) el “porompompero” de Manolo Escobar, con ese arte andaluz. Me daban caramelos las chicas mayores y se reían mucho conmigo.

MI NUEVO RUMBO (Tercera parada)

Con seis años, cambió mi vida. Por lo pronto cambiamos de lugar de residencia, de casa, de colegio, de amigos. Todo era nuevo y tal vez por eso siempre he sido tan nómada.

Ese año nació mi hermana la tercera. Toda una alegría, era una muñequita y nos peleábamos para ver quien jugaba con ella. Aquí empezaron las primeras envidias entre hermanas que se trasladaron también al colegio con alguna compañera. Envidias por su parte porque yo eso de querer lo que el otro tenía no iba conmigo. A mí me gustaba mucho lo que tenía e incluso compartirlo. Pero se ve que a otros no. Supe lo que era la envidia con 11 años cuando me engordaron las piernas y se acabó la finura, como envidiaba las piernas de mi hermana la segunda. Tampoco quería tener mi pelo rizado, porque a los chicos no les gustaba, y me lo alisaba. Pero hasta entonces yo era feliz con lo que tenía.

Con esta edad hice mi primera obra de teatro, era una rana…..jajaaja….vestida de verde claro, me encanta, una rana…..lo recuerdo como algo grande, nerviosa, perfeccionista, tomándomelo muy en serio pero feliz en escena.

Con 6 años hice la comunión, me sabía el catecismo de memoria. Me vistieron de monjita blanca y yo iba tan feliz a tomar a Dios, a meterlo dentro de mi. Ese día fue muy especial, era como que a partir de ahí iba a estar protegida de por vida. De ahí mi sonrisa…También recuerdo que me regalaron mi primer reloj…ya era mayor!

Después de mi comunión hubo un “Borrón” en mi memoria….como una laguna, un paréntesis, un cambio de rumbo inexplicable….siento que Dios ya no está dentro de mi, que ya no estoy protegida y que la vida no es tan blanca y pura como la veía…había una mancha negra que la oscurecía y una cosa que me subía desde el estómago a la garganta que me daba escalofrío y sabía a muerte. Empecé a ser huraña, solo quería meterme en mi cuarto o irme sola al bosque a refugiarme en mis árboles. Con 7 años tuve que repetir curso porque no sabía leer bien, solo memorizar (siempre he tenido una perfecta memoria visual). Repetir curso fue muy amargo, volví a perder a mis amigas y otra vez esa cosa rara en el estómago. Un día, con 8 años, me levanté de golpe, sudando, muy nerviosa, me fui al cuarto de baño, me miré al espejo, me asusté, escuché una voz fuera y entonces llorando, asustada, una voz dentro de mi dijo “tranquila, ahora tienes este cuerpo, esa voz es la de tu madre, sabrás lo que tienes que hacer, confía”. No tenía identidad ni memoria ni recuerdos y encima estaba sola. Me fui a la cocina y mi madre al verme me pregunto muy mosqueada qué me pasaba que estaba tan rara. Me fui a mi cuarto y pedí a Dios no me abandonara y me diera Luz para saber qué hacer en cada momento. Dios me calmó y desde entonces estoy caminando de forma consciente.

En el año 2008 Mariano vio que no era normal ciertas cosas que yo veía normales (como que les dijera a los hombres, con los que tenía relaciones íntimas, que no me hicieran daño). Así que decidió llamar a una sexóloga para dar una charla. Recuerdo que el día de la conferencia estábamos los dos juntitos sentados en el suelo y que cuando ella comenzó a hablar los dos nos replegamos, cuan niños asustados, y no sabíamos donde meternos. Recuerdo que volví a sentir esa sensación rara que iba del estómago a la garganta, esa angustia existencial y esos mareos que me hacían decir interiormente “por favor que acabe ya, que deje de hablar ya, no puedo con esto”. A la semana siguiente tuve sesión con ella y comenzamos a hacer terapia sin saber muy bien por qué hasta que comenzó a salir “el tema”. Era tan tremendo lo que estaba saliendo que hasta el perro de Mariano salió corriendo asustado y yo entré en shock (fue durísimo el proceso). Años después, y con la ayuda de varios terapeutas y distintas disciplinas, brotó lo que tanto escondió mi mente para proteger a esa niña de 6 años, ese “borrón”, esa laguna que tuve, esa sensación rara de mi cuerpo, tan solo hablaban de abuso….un abuso sexual que un desgraciado perpetró sobre un ser inocente y marcó mi vida definitivamente….

MI NUEVO RUMBO (Cuarta parada)

En el colegio un día nos enteramos que una compañera estaba mal. Nadie sabía por qué, solo que la guardia civil había estado en su casa. Al llegar a casa, mi madre estaba comentándolo con mi tía. Entonces les digo que yo sabía lo que había pasado. Se rien de mi. Les cuento como fue, que el padre le pegó con la correa con la mala fortuna de darle con la hebilla en la cara y que puso todo el suelo de la cocina lleno de sangre. Mi madre se queda callada pero al día siguiente, cuando sale a la luz la verdad, me coge en privado y me dice “Cuando tu vuelvas a ver algo con tu Mente, te lo callas. Porque si dices lo que Ves te meterán en un sitio que se llama manicomio y no volveras a vernos a tu padre y a mi. ¿Queda claro? Pues boca cerrada”. Ese día cerré no solo mi boca sino mi Visión por completo hasta que en 2006 me ayudaron a abrirla. Fue mi querido Sergio.

Así que me dediqué a ser uno más aunque reconozco que había cosas que me apasionaban. Como ir al rio los fines de semana con mis padres. Era lo que más gustaba aparte de escaparme con mi bicicleta y sentir el frio en la cara. Jugar al tenis, al baloncesto, balonmano y al ajedrez era un placer. Pescar y coger cangrejos y caracoles toda una experiencia. Con mis amigas me volcaba. Me pasaba el día haciéndoles regalos. Siempre me rodee de grandes personas y por eso costaba poco ser generosa. Aunque eso supusiera romperle la hucha a mi hermana.

Comencé a tocar la guitarra y me atreví a componer mis propias canciones. Tuve mi primera experiencia con un chico aunque a mi madre no le gustó nada.

Siempre fui buena estudiante, sacaba becas y eso generó alguna que otra envidia. Pero todo se torció con 13 años. Otro episodio de violencia. Una monja, Socorro, una mañana después de clase me cogió por banda, me llevó a los sillones de la entrada y me dijo “tu me odias ¿verdad?” Yo le dije que no sabía que era eso, odiar. Sin embargo ella insistió, una y otra vez, hasta que descubrí que era odiar. Después de media hora insistiendo en la pregunta me dijo que como no reconociera que la odiaba no solo me iba a quedar sin comer sino que mis padres se iban a preocupar mucho y que lo mismo llamaban a la policia para buscarme. Me dijo que eso era muy cruel y me preguntó si yo quería producirles ese dolor a mis padres. Claramente, muy claramente, me hizo ver lo que era odiar. La odié hasta desearle la muerte por la crueldad que estaba teniendo conmigo y con mis padres y entonces lo grité “Si, si, la odio, la odio pero dejeme salir ya por favor”. Rompi a llorar, la humillación ya era suficiente y me dejó salir. No pude contarle nada a mis padres. Pero mi padre, al final me lo sacó. El fue el encargado en visitar a esa monja y decirle muy clarito que como no me dejara en paz él personalmente se iba a encargar de que la echaran del colegio y le quitaran los hábitos, pues conocía personalmente al arzobispo (como era verdad). Ese día mi padre fue mi héroe…siempre lo fue. Pude concluir al año siguiente la EGB y después me fui al Instituto ya fuera de monjas, con porfesorado laico. Una vez más lo sagrado vulnerándose.

Comenzar en el Instituto fue toda una aventura excitante. Ahí fue donde potencié la escritura (gané un certamen de narrativa), cuando me eché mi primer novio formal, donde descubrí el mundo de mis sueños y la filosofía me enganchó. Me pasaba el día leyendo, filosofando, cantando, escribiendo, componiendo y saliendo con mis amigos que ahora habían pasado a ser hombres, mayoritariamente, y a tomar absenta con ellos. El instituto dio paso a la Universidad y esta a un crecimiento personal muy importante. Me pasaba el día estudiando y trabajando a la vez. Ser empresaria, encargarme de 30 personas fue más que un reto un reconocimiento a mi capacidad de trabajo y directiva. Me pasaba el día del trabajo al conservatorio y de este al grupo de teatro que teníamos, a escribir mi columna en una revista local, a cuidar a mis mascotas y a enamorarme de quien no debía para terminar de complicar mi vida. Mi vida era un riesgo continuo, cogía mis bártulos y me iba haciendo dedo a Francia, intentaron violarme, robarme, estuve a punto de morir siete veces (electrocutada, ahogada, en accidente de tráfico,…) pero yo seguía imparable. Era como una carrera hacia la Nada. No tenía ni un solo segundo libre porque el poco que me quedaba era para dormir. Hasta que la vida me paro y lo hizo en seco. Tenía solo 20 años y parecía que lo tenía todo. Sin embargo, no me dí cuenta que el Todo implica a los demás en su totalidad y Rubén era parte de ese Todo. Mi mejor amigo, mi consejero, mi hermano, mis risas y mis llantos…un día no pudo más y se quitó la vida. Su suicidio fue tan incomprensible para mi que tardé 10 años en poder llorar su muerte. Ese episodio tan dramático hizo que todo girara y abandonara todo lo que hasta entonces me estaba dando felicidad. Me fui a Barcelona en un primer intento o huida hacia no se dónde y terminé en mi lugar de nacimiento como buscando una explicación.

MI NUEVO RUMBO (Quinta parada)

Con 24 años me fuí de casa, dejé el nido y volví al origen, al lugar que me vió nacer para precisamente nacer a una nueva vida. Me fui con una mano delante y otra atrás. Sin billete de vuelta y con una maleta cargada de recuerdos que quería borrar. Se que el alcohol, el tabaco, otras drogas y el sexo no iban a apagar mi sed y aún así me tiré a ellos como salvavidas.

Así aprendí a sobrevivir a la perfección. Hasta que un día todo eso ya no me fue suficiente. Entonces apareció mi hijo para hacerme ver que la Vida era otra cosa y yo me la estaba perdiendo. Aunque naciera por cesárea y volvieran a violentarnos por enésima vez.

En esta etapa de mi vida progresé profesionalmente pero sobre todo abrí la puerta a la esperanza de una vida personal más dichosa. La muerte de mi madre, mis tios y mi abuela fueron el detonante que me hizo girar la rueda. No se puede vivir en un cuerpo sin contar con tu alma y yo llevaba sin vivir con ella desde hacía muchos años. Así que me permití ser feliz y una mañana me fui detrás de la llamada del que entonces era mi amigo fiel y leal, Mariano. Cuarenta días (junio del 2006) después me llamaron para trabajar en Madrid y entre lágrimas y alegría volví a coger la maleta. No sin antes prometerle a mi hijo que volvería a por él en el momento que fuera feliz. Como eso no sucedió, fue él el que vino a por mi unos años después.

El salto evolutivo, el aprendizaje más consciente, el más rápido y sanador de todos se produce a partir de este año (2006). Y esto no quiere decir que todo haya sido color de rosa sino que precisamente por eso ha habido muchas espinas. Dejar de ser lo que no eras para convertirte en lo que eres no es un camino fácil sino todo lo contrario. Está lleno de muchos sin sabores pero los sabores más auténticos y sabrosos los encuentras precisamente después de esos sinsabores. Sería como atravesar la selva y encontrarte seguidamente con un maravilloso lago. Sin embargo, no todo el mundo está preparado para esta aventura, para este si a la Vida. Tienes que estar muy, pero que muy harto de tu vida actual para cambiar el rumbo y tal como vivimos ahora rodeados de comodidades, de cosas innecesarias que te hacen creer que las necesitas, resulta realmente difícil que se produzca el cambio. Por eso, o la tierra te azota con sus cambios bruscos o la vida te quita lo que más quieres para que reacciones.

A mi la vida me agitó tanto que he estado durante 10 intensos años creciendo espiritualmente, tanto que han tenido que quitarme la formación para no irme sin el cuerpo. Literal. Tal vez por eso ahora estoy en una etapa muy tierra, de materialización, de llevar a la vida todo lo que he aprendido espiritualmente.

En esos diez años experimenté por dos veces lo que es el mobbing. Terrible!! Es una de las experiencias más angustiosas que he vivido. Además de la impotencia que supone. Se que es difícil probar los hechos a nivel judicial pero no por ello dejé de denunciarlo. Solo que hay que apoyarse de algo más evidente para ganar el juicio finalmente.

También experimenté lo que es saltar sin paracaidas. Se sincero, no mientas, pero guardate para ti todo aquello que pueda alterar de más a los demás y sobre todo, no muestres nunca tus cartas. La vida es como una partida de ajedrez, aprende bien los movimientos de cada pieza y recuerda que exponer a la reina no evita que le hagan jaque mate a tu rey. Se inteligente sin perder tu corazón.

Si Mariano fue quien durante estos diez años me mostró el camino y me agarró del brazo, sacándome del peligro, también fue quien me manchó de barro para que conociera el mundo en su dualidad. Por eso en 2015 giraron las tornas.

Ese año, una serie de circunstancias personales me provocaron un estrés extremo, con lo cual mi salud comenzó a empeorar. Me dicen que la causa de ese estrés no puede ser eliminada al ser personas de “sangre” las que me lo provocaron y que tengo que aprender a gestionarlo. Desde fuera parecía fácil pero lidiar con tres cánceres, un Alzeihmer, un intento de suicidio, problemas mentales y agresiones físicas y psicológicas os aseguro que no es nada fácil a pesar de mi trayectoria guerrera. Y encima sola. ¿Por qué será que cuando más apoyo necesitas tus “amigos” desaparecen del mapa? Precisamente por eso, porque es en estos momentos que se pone a prueba la amistad. Y sí, me dí un gran batacazo. Me dí cuenta, que una vez más, tuve que echar a andar en esta experiencia extrema sola y que no podía volver a “desnucarme” del susto porque ya había cubierto las 7 vidas del gato (las 7 veces que estuve a punto de morir). Así que no me quedó otra que echar “huevos” al asunto y tirar palante.

Ese año además, estaba en paro, con lo que a poco tenía que agarrarme. Mi único consuelo eran mis clases de yoga, mis retiros y mi Proyecto de Vida el cual estaba concluyendo con los asesores económicos. Sin embargo, dos hechos ocasionaron que el final de esta aventura comenzara a asomarse. El primero sucedió en julio de 2015 y el segundo en noviembre de ese año. Si te cantan “no quiero perderte”, echa a correr porque poco le queda para que lo haga: perderte. Si te dicen “eres una crack, eres un amor, eres maravillosa, te vamos a apoyar, ay que futuro más magnífico nos espera juntas” corre todavía más y antes porque están a punto de apuñalarte por la espalda. En mi caso, no lo ví venir y el factor sorpresa fue lo que más daño hizo. Silvia era una compañera de camino, con la cual compartía cursos de desarrollo personal y algún retiro. La dulce y aparente buena chica ese verano me la jugó y de forma consciente. Estando en un descanso de un retiro me dijo que quería separarse de su marido porque quería experimentar el amor verdadero. Me preguntó si me parecía bien que Mariano le llevara la terapia. Yo le contesté que ella vería, que era su decisión no la mía. Ella insistió y le volví a contestar lo mismo. Sin embargo, insistió hasta una tercera vez “pero si fueras tú la que necesitaras ir, ¿lo elegirías?”. Como buena ingenua, caí en su trampa, y le contesté “si fuera yo buscaría un terapeuta que estuviera bien con su pareja porque no te puede mostrar el camino quien no lo ha recorrido aún”. Se quedó contenta con la respuesta y entonces hurgó su plan. No tardó en pedirle cita a Mariano y decirle que yo iba hablando mal de él, no aconsejandole como terapeuta, y a saber que más cosas…..por los comentarios que hicieron. Hablar yo mal de Mariano, el ser que más bien me ha hecho en este mundo, la persona que me condujo a la gran liberación, mi cómplice, mi todo….Está claro que no me conocían….Lo increible era que Mariano se hubiera tragado tanta mentira. Lo inexplicable es que a día de hoy no haya rectificado. Siempre pensé que el demonio lo poseyó y desde entonces está poseido…supongo que mi mente sigue protegiendo en vez de pensar que le falta nobleza para reconocer el error y remediarlo.

Silvia, simultáneamente corrió a contárselo a su amiga Lorena y esta a su vez a sus amigas del Master que estábamos realizando. Esto pasó de ser una encerrona a un apaleamiento público (querían quedar un día para pegarme incluso fisicamente). Pasó de poner en mi boca palabras que no dije a ser una energía nociva que estaba perjudicando al grupo. Pasó de tener una complicidad como nunca he tenido con nadie a que de su misma boca me dijera “eres la peor” (como dijo un señor mayor que lo escuchó “dios mio, no le hagas ni caso, esto es envidia pura”. Fue entonces cuando sentí una amarga e indescriptible traición. O como lo que dijo publicamente una compañera del grupo, que sacó la cara por mi, que lo que estaban haciendo conmigo era monstruoso, injusto y que claramente habían roto en pedazos el espejo que les reflejaba. Sí, ese día no solo se rompió el espejo sino que se me rompió el alma. Por eso en 2018 hice un cáncer. Como el terapeuta de biodescodificación y la psicóloga que me trataba entonces me dijeron “me arrancaron de cuajo lo que más amaba: seguir aprendiendo con él, seguir siendo parte de su familia y tener un ser a mi lado con quien hablar sin palabras”. Nos han hecho más daño los de fuera con sus calumnias y envidias que entre nosotros en nuestro aprendizaje conjunto y a veces torpe. Y lo peor es que ese daño parece irreparable….cuando una de las partes se ha tragado “su personaje” y no ha sacado su aprendizaje.

MI NUEVO RUMBO (Sexta parada)

El 6 es el número del corazón, de la intuición, del camino rojo, certero y con Visión y por eso es la última parada. Hacia ahí es hacia donde me dirigía sin saberlo. Hacia la experimentación del amor verdadero.

Si en 2008 y 2012 sufrí mobbing (acoso laboral), en 2016 sufrí ghosting (despedida a la francesa, sin dar explicaciones). Otro tipo más de violencia/maltrato. Estaba claro que es esto lo que venía a sanar.

2016 no comenzó mejor que 2015 y además pintaba peor. Cada vez había más gente metiendo cizaña y los ánimos no estaban más que para tirar la toalla. Ese verano Mariano y yo nos dijimos adiós sin saberlo, aunque mi cuerpo sabio lloraba ese final. En agosto se dio la puntilla con ese “te ignoro para que te pongas nerviosa y vengas hacia mi” y en octubre, mi estado de salud lamentable, fue el causante de que abandonara la casa que tanta dicha me dio. Desde entonces…..silencio.

A día de hoy, los tres causantes de mi estrés han ido desapareciendo uno detrás del otro. El primero en enero de 2020, el segundo en julio de 2021 y el tercero aún no ha dicho “adiós” del todo. Todos ellos vinieron a mostrarme la gran violencia que había en mi vida y de que ya era hora de pegar puñetazo en la mesa y cambiar el rumbo. Gracias a ellos hoy puedo mostrar el camino que he recorrido a quien lo necesite y lo haré en cuanto mi cuerpecillo esté completamente listo, en cuanto la última causa diga adiós definitivamente (me han dicho que le queda muy poco).

El estrés es un conjunto de reacciones biológicas y psicológicas producidas por el sistema simpático ante una agresión o peligro. Su función es ponernos en estado de alerta continua y preparados para reaccionar. Es una reacción de defensa a veces apropiada y a veces no. Cuando se da en exceso o de forma inapropiada, puede presentar grandes riesgos para la salud. En octubre de 2020, y por primera vez en mi vida, tuve miedo a morir porque por primera vez estuvo a punto de que sucediera. Hoy, a septiembre de 2021 estoy a punto de concluir el proceso de sanación y esto es lo que me voy a regalar por mi cumpleaños el próximo mes. Tierra, muy tierra, y a punto de materializar todos esos sueños que un día dibujé en el Cielo. Gracias a todos los que me acompañaron en este apasionante caminar!!!!

“Naciste con potencial.
Naciste con confianza y bondad.
Naciste con sueños e ideales.
Naciste con grandeza.
Naciste con alas.
No estás destinado a arrastrarte.
Tienes alas.
Aprende a usarlas y vuela”.

Rumí

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